TIEMPOS DEL CUIDADO DE LA CREACION: DESIERTOS QUE LLEGAN A LA CIUDAD


 La Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina dejó un mensaje por el tiempo del cuidado de la creación, que se celebra desde el pasado 1 de septiembre hasta el 4 de octubre.

El texto del "Tiempo del cuidado de la creación. Desiertos que llegan a la ciudad" es el que sigue.

"Desde el 1 de septiembre hasta el 4 de octubre, día de San Francisco de Asís, se celebra el tiempo del cuidado de la creación, una oportunidad para que personas de todo el mundo reflexionemos sobre el vínculo profundo que nos une al mundo que habitamos. Impulsado por el Papa Francisco hace ya diez aos, este tiempo ha sido acogido y promovido también por León XIV y por diversos referentes ecuménicos.

"El Papa Benedicto XVI había afirmado que los desiertos exterios se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. León XIV retoma esta afirmación y señala que estos nos llama a reconocer que lo que está arruinado en nuestro entorno, de alguna manera también lo está dentro de nosotros.

"Los desiertos no son solo realidades geográficas, también existen desiertos interiores, espacios de vacío y soledad en el corazón humano. La degradación ambiental puede ser expresión de una creisis espiritual, de una desconexión profunda con el sentido de la vida y con el vínculo que nos une al Creador. Así como es necesario restaurar los ecosistemas, también necesitamso sanar nuestra aridez existencial, recuperando la esperanza, la solidaridad y el compromiso con el cuidado del ambiente.

"La creación no es fruto del azar. Cada rincón de nuestro planeta, cada ser viviente, refleja el proyecto de amor de Dios, que nos ha dado este mundo como un regalo precioso. Existimos porque hay un sentido, una intención amorosa detrás de todo lo que nos rodea. El Creador no solo nos ofrece la vida gratuitamente, sino que nos llama a participar de su cuidado, reconociendo que la naturaleza es parte de ese mensaje de amor que nos invita a vivir con gratitud  y responsabilidad. San Pablo nos brinda una mirada integradora: Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto (Rm 8, 22). Es nuestra casa común, la de toda la familia humana.

"El cuidado del planeta es un deber que atañe a todos, pero especialmente a quienes ejercen responsabilidades públicas: dirigentes, gobernantes, legisladores y jueces. Ellos tienen la obligación de tomar decisiones que protejan el bien común, promoviendo políticas que favorezcan la justicia ambiental, intergeneracional y social. Sin embargo, una cuestión tan importante no se puede delegar a otros, que muchas veces se dejan llevar por intereses espurios y negociados a espaldas de los intereses del pueblo. Cada ciudadano, puede contribuir desde su lugar con gestos sencillos pero significativos.

Vivimos una época marcada por el paradigma tecnocrático, que prioriza la eficacia y la productividad por encima del cuidado de la casa común. Esta visión, centrada en el rendimiento y el consumo, nos aleja de la contemplación y el respeto por la naturaleza. Es necesario advertir sobre este enfoque, que puede llevarnos a olvidar que la vida no se reduce a resultados y cifras. El verdadero progreso debe incluir el bienestar de la creación y de las personas, colocando al cuidado en el centro de nuestras decisiones.

El mismo León XIV en su mensaje para este mes expresa: El adagio profético con sus espadas forjarán arados (s. 2, 4) no es entonces una visión que atañe a las naciones, sino una llamada a cada persona. Nos inita a trqansformar la herida en vida.

"En este año jubilar franciscano, en el que celebramos los 800 años de la pascua de San Francisco de Asís, se nos hace imperioso acoger su testimonio ecológico, su vínculo familiar con la creación: el hermano sol, la hermana luna, la hermana agua.

"Como humanidad nos reconocemos sedientos de agua viva, convocados a mirar con nuevos ojos las importancia del agua y nuestro compromiso con la vida en todas sus formas. Sin dudas, este tikjpo invita a la contemplación, pero también a la acción concreta, recordándonos que cuidar la creación es una tarea urgente y compartida.

"La contaminación de los océanos, mares y ríos es una de las crisis ambientales mas graves de nuestro tiempo. Plásticos, productos químicos y la sobreexplotación de la pesca a gran escala están deteriorando estos espacios vitales, afectando la biodiversidad y la salud humana. Las consecuencias se hacen sentir en el acceso y la calidad del agua que utilizamos, del aire que respiramos y de los alimentos que consumimos. Es urgente promover políticas de reducción y reciclaje, así como la restauración de los cuerpos de agua, para detener este daño que amenaza nuestro futuro.

"En este contexto se vuelve también apremiante cuidar a quienes cuidan y habitan nuestros territorios desde hace siglos: los diversos pueblos originarios, que nos invitan a convertir nuestra mirada y nuestro corazón. Para las comunidades rurales, campesinas e indígenas, la tierra no es una si,ple merncía ni un recurso destinado a la explotación. La tierra es, mas bien, madre y hermana; es identidad, cultura, memoria y futuro. En ella se construyen vínculos, saberes, formas de trabajo y modos de habitar el mundo que se transmiten de generación en generación.

"Que este tiempo de la creación sea una gran oportunidad para crecer en una cultura del cuidado, ya que como dice León en su reciente encíclica: La calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer (MH 114).

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