Por Eduardo Menescaldi
Hay una frase del escritor peruano Mario Vargas Llosa referida a cuándo se jodió Perú, y si se la aplica a la Argentina podría decirse que el comienzo de esa situación adversa para nuestro pais fue hace exactamente 96 años, aquel 6 de septiembre de 1930 cuando fue derrocado el presidente constitucional Hipólito Yrigoyen por el régimen militar del general Uriburu.
Fue el primer golpe de Estado en que se quebró el orden constitucional. Con el correr de los años se repiteron golpes de esa magnitud, como el del 4 de junio de 1943, con los coroneles del GOU encabezados por Juan Perón; el derrocamiento del propio Perón el 16 de septiembre de 1955 por la llamada revolución libertadora; la caida del presidente Arturo Illia el 18 de junio de 1966 por la llamada revolución argentina y el golpe del 14 de marzo de 1976, por el proceso de reorganización nacional.
Así las cosas el país retrocedió después de cada golpe, sobre todo con la última dictadura, que sembró de sangre y desolación la tierra nacional.
El 10 de diciembre de 1983 asumió el presidente Raúl Alfonsín (foto), dando corte final a los goles y pronto se estarán cumpliendo 43 años de la democracia.
Con sus virtudes y defectos, con sus logros y sus deudas, este sistema de gobierno sin duda es el mas saludable para la República, aunque es cierto que hay una importante cantidad de temas que todavía no ha podido resolver, como la inseguridad, la desocupación, los salarios, el crecimiento, el fin de las grietas, etcétera.
De todas maneras hay que tener fe en los tiempos que vienen, recordando que el voto es el gran arma que tiene el ciudadano para decidir el futuro de la República.
El año próximo será fundamental para saber el camino que decide la mayoría en cuanto a lo que viene en el país.
Hoy se habla de dos modelos, totalmente diferentes. El cambio que propone el gobierno nacional, con motosierra, grieta, ajustes, con la bandera de la libertad como emblema, y la vuelta al pasado que alienta el kirchnerismo/peronismo con sus amenazas de estatizaciones, plan platita, emisión sin límite, inflación, etcétera.
El presidente Javier Milei pudo haber pecado de oportunismo al hacer flamear la bandera de las Malvinas y la soberanía argentina, después del trapo que se arrojó en Estados Unidos tras el triunfo de la selección nacional de fútbol sobre Inglaterra, y con el presunto respaldo del presidente norteamericano Donald Trump al sostener que podría revisar su posición con Gran Bretaña en el mismo tema malvinense. Lo cierto es que el primer mandatario recurrió a la cadena nacional para afirmar el pensamiento sobre las islas irredentas y generó distintos comentarios, en su mayoría favorables, aunque el sector duro de la oposición, como siempre -kirchnerismo e izquierda- lo tildó de oportunista y olvidó que alguna vez lo habian acusado de pro Thatcher o pro británico.
La Argentina se encuentra en un momento bisagra de su historia. Porque su ubicación en el territorio le permite abrir una gran puerta a la esperanza del crecimiento, pero para que las inversiones lleguen habrá que mostrar seguridad jurídica, estabilidad política y apuestas económicas.
Ojalá que el tema Malvinas, que es quizás uno de los pocos que unen a todos los argentinos, sirva para hacer flamear las banderas de la unidad y que todos, con todos los matices propios de la cuestión, se pongan a mostrar que esa causa no admite renunciamientos.
Hace 96 años se quebraba el orden constitucional por primera vez en un país que había llegado a posiciones estelares en el cielo de la economia mundial. Da ahí en mas se fue retrocediendo, se repitieron los golpes y la vuelta definitiva de la democracia en el 83 abrió la gran puerta de la esperanza. Como para soñar con un país capaz de responder a las inquietudes y deseos de los 48 millones de argentinos.
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