Por Eduardo Menescaldi
Cuando todavía resta un mes y medio para la llegada del Sumo Pontífice, León XIV, la Argentina se muestra como un país de contrastes.
Con todas las posibilidades de ser potencia, por la gente, es decir los recursos humanos, los paisajes, las ideas y mucho mas, el dato reciente es el crecimiento del índice de pobreza, con unas dos millones de personas que se sumaron a este dato preocupante. En el mismo sentido creció el nivel de indigencia.
¿Qué nos pasó? Esa debería ser la pregunta para tratar de analizar los pro y los contra de la democracia, el mejor régimen de gobierno, pero que desde 1983, cuando regresó en forma definiiva, hasta nuestros días es amplia la paleta de deudas que tiene el sistema.
Seguramente el kirchnerismo y la izquierda van a acercarse a los oídos del Papa para reclamar por los vulnerables, los olvidados, en fin, los pobres. La desocupación, la distancia entre los que mas y menos tienen serán banderas que se harán flamear en esta histórica visita.
El Papa llega el 8 de noviembre y se queda en el país hasta el 11, o sea cuatro días locos por lo que despierta la visita del líder de la grey católica.
Estará en la ciudad de Buenos Aires, en Luján visitando la mítica basílica y en Córdoba. Serán millones los que se agolparán para ver al Papa y ya se habla de unos siete millones de argentinos que participarán de estos días históricos.
El Papa se encontrará, vale repetirlo, con un país de contrastes. Un gobierno que pretende un cambio radical en el rumbo económico, político y social, y una oposición, del sector mas duro -izquierda y kirchnerismo- que enarbola las banderas del pasado, aunque también tiene su grieta lineal, con los sectores que quieren ver como candidata a su líder, presa por corrupción, con una condena firme, y los que quieren un recambio, aunque sea apañado, con un gobernador bonaerense, que hoy está en Nueva York, y pasa alguno que otro papelón -como la "emboscada" con una periodista de izquierda- y que quiere volver al pasado, en el presente, con el movimiento con el sugestivo nombre de Derecho al futuro.
Mas allá de lo político, en lo religioso desde la iglesia católica y sus autoridades, encabezadas por el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva y por el titular de la Conferencia Episcopal Argentina, arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo -lo recordamos mucho mas joven como párroco de la iglesia de la Inmaculada Concepción de Quilmes, junto al obispo, monseñor Jorge Novak- quiere que el Papa viva en la Argentina lo mejor dentro de lo posible.
No olvidar que el papa Francisco, Jorge Bergoglio, como argentino no pudo darse el gusto de visitar al país durante su gestión, sin duda por razones políticas mas que nada, teniendo en cuenta su sentimiento peronista.
Hay que remontarse a 1982 y 1987 para recordar visitas del Papa, Juan Pablo II, la primera en las antesalas de la rendición en la guerra de Malvinas, y la segunda durante el gobierno del doctor Raúl Alfonsin.
Ojalá que la visita del Sumo Pontífice sirva para cicatrizar heridas, achicar la grieta, movilizar los corazones y buscar caminos para que los déficit de la democracia comiencen a ser cubiertos, fundamentalmente en cuanto a achicar los niveles de pobreza e indigencia que tanto preocupan. Ojalá lluevan las inversiones en el cielo económico argentino para que la riqueza este mejor distribuida entre los compatriotas.
Pero fundamentalmente, hay que decir que ojalá el espíritu católico, con el servicio destinado a los demás permita mejorar todos las aristas de una Ar
Comentarios