En una sesión del Senado de la Nación del Paraguay se escuchó la palabra del legislador Iramain Chilavert (foto), quien dio una clase magistral sobre el flagelo del tráfico de influencias en los estados y dejó para la posteridad una palabra preclara que vale la pena compartir. En su perorata citó a José Ingenieros y El hombre mediocre, y justificó su rechazo a una propuesta que en su entender favorecía el mentado tráfico.
Iramain es médico y político -le dijo a un colega médico que en su hermeneútica profesional debía entender el sentido del significado- y sostuvo que lo que se discutía en ese momento en el recinto era" un problema de institucionalidad, que no tiene nuestro país porque es un Estado prebendario, en el que el principal veneno de la República es el tráfico de influencias. Es decir, al amigo todo y a los demás, nada. Pero eso viene desde hace tiempo y se ha transformado en verdaderos feudos. No tenemos instituciones republicanas ni planificación del Estado. No tenemos una economía social de mercado. No tenemos nada de eso y somos una fachada, un país de gua´u (de mentira).
"El tráfico de influencias es la corrupción vestida de gestión. Es el teléfono que vale mas que el mérito. Es la recomendación que desplaza al concurso. Es el amigo del poder que consigue lo que el ciudadano común no puede conseguir.
Y cuando esto ocurre la ley deja de ser igual para todos. El senador Rojas relató lo que pasa en el Central, cuáles son las asimetrías, para que en un lugar haya mas y en otros, menos. De eso se trata.
"Tráfico de influencias y resulta ser que tenemos al presidente de la Comisión Constitucional simplemente vinculado a eso. El Estado prebendario no necesita de discursos ideológicos, funciona con una lógica simple y también, brutal; cargo para los leales, contratos para los amigos, impunidad para los cercanos y abandono para los ciudadanos.
Eso lo definió perfectamente bien José Ingenieros cuando hablaba del hombre mediocre, Hay un autor paraguayo, que vivió mucho tiempo en Uruguay, el psiquiatra Flores Colombino, que escribió sobre el animal político, psiquiatría y poder, y hablaba justamente del político mediocre.
Por eso tenemos instituciones que parecen grandes por fuera pero son pequeñas por dentro. Ministerios con presupuesto pero sin resultados. Con directores pero sin dirección. Programas sociales con propaganda pero sin transformación real.
El político mediocre ama ese sistema porque allí no se exige excelencia, se exige obediencia.
Lo hemos escuchado en los audios. En un Estado serio, el cargo politico exige capacidad, Primero, capacidad de exigir al otro, y aquí no se dio esta mañana cuando me impidieron, me obstaculizaron y me intervinieron en mi ponencia.
En un Estado republicano el mérito abre puertas. En un Estado prebendario las abre el parentesco, la militancia ciega o el favor político. Ese es el crimen silencioso del prebendarismo; mata la confianza de la República. Por eso, aquí no tenemos confianza ni en la máquina de la votación ni en nuestras instituciones, ni en nuestra porpuesta proque estamos llenos de políticos mediocres.
Entonces a uno le molesta que lo insulten en la escasa inteligencia que uno trata de mantener en esta oscuridad política.
Digamos con claridad: el tráfico de influencias no es una picardía, no es una gestion amigable, no es una ayuda inocente, es una forma de captura del Estado. Es una manera de privatizar lo público. Es convertir los derechos de todos en favor de algunos, Y ahí el Estado se convierte en botín y la democracia en un simulacro.
Por eso no puedo estar de acuerdo con esta propuesta".

Comentarios