EL RECUERDO DE HUGO GUERRERO MARTHINEITZ EN LA BIBLIOTECA MORENO


     # Por Eduardo Luis Menescaldi                      

Se llamó Hugo Tomás Tiburcio Adelmar Guerrero de Avila Marthineitz, todos lo conocieron como el peruano parlanchín. Se presentó en la Biblioteca Moreno, de Bernal, en el 2007. Confesó que tenía 83 años. El hombre que me habia deslumbrado en radio Belgrano con "El Show del Minuto".

 El peruano parlanchín dijo que llevaba mas de medio siglo en la Argentina.

Trazó una historia de su vida y de su actividad como locutor, periodista, escritor, y contó anécdoas que deleiteraron a la concurrencia.

Su vida comenzó en Lima, la capital del Perú, en la periferia del barrio Miraflores. Ese chico vivía con su madre, quien tuo que asumir las riendas familiares para afrontar desde la pobreza la aventura de sobrevivir.

Esa madre, intensa lectora, fue la que le marcó la existencia, inclinando su pasión por los libros, que lo fueron acompañando a todos sus destinos.    

En esos tiempos de adolescencia peruana, pudo conocer a los Palma -con Ricardo, el autor de las míticas "Tradiciones Peruanas", que todos leíamos en el colegio- e ir forjando la pasión por el teatro, la radio, la locución y la buena pronunciación.

Guerrero confesó su edad, aunque con ironía dejó entrever que podía tener otra, si se tomara su nacimiento desde el momento en el que decidió dejar su tierra para recalar primero en Chile, luego en Uruguay y finalmente, en Argentina.

El teatro experimental del país de O´Higginis fue el primer escalón, y en Santiago de Chile, dio los primeros pasos. Al describir el adiós a su madre, pintó la escena con esa "procesión" (que iba por dentro), con su progenitora, que le deseó suerte y con un simple "vaya con Dios, Hugo", resumió el sentir de una madre ,consciente de que no podía detener las alas de ese chico, a quien a los cuatro años lo confundían con un "mulón" (así se calificaba a un pibe con problemas de expresión). 
Hugo tuvo que luchar muchísimo porque a todos los lugares donde fue lo hizo con el estigma de la pobreza a cuestas, aunque con a riqueza de sus libros que se transformaron siempre en una llave para abrir puertas increíbles.

Corría la década del 50 cuando llegó a la radio en Argentina -anteriormente había tenido su paso por Estados Unidos y ese antecdente le sirvió- debutando en Radio Splendid con su inolvidable "Club de los Discómanos". Aunque recordó que su primera experiencia en un estudio de radio fue con aplausos y la presnetación de nada menos que el Negro Guillermo Brizuela Méndez.

Hablando del programa de radio, expresó que nunca había trabajado para Estado y sentía esa situación, porque se daban cosas que no entendía. Por ejemplo, "me pagaban desde enero pero el programa empezaba en abril... O me decian que yo era figura y que tenía que actuar como tal, y yo no quería ser figura, simplemente, un obrero del micrófono.   

Reconoció que en toda su existencia -con mayor tiempo en Argentina que en otros países- tuvo una especial relación con el peronismo y los peronistas. "Nunca me llevé bien, pero siempre se me aplicó aquello de que el que las hace las paga". Así, por ejemplo, cuando en los principios padecía males económicos lo invitaron a cenar a una casa de peronistas, con las imágenes de Perón y Evita en las parades. "Mi madre siempre me decia que  no me callara... y le dije al señor de la casa lo que pensaba.

Fue desarrollando en Argentina todo aquello que había cultivado en Perú. En su Lima natal, siendo adolescente, recibía la visita de los grandes artistas argentinos o los deportistas, "gente a la que conocía por el Billiken o El Gráfico".

Así llegaba Francisco Petrone, por quien sentía una gran admiración, Luis Sandrini, Delia Garcés y tantos otros, y todos elegían a este locutor por su voz cuando se trataba de la presentación de sus programas de radio.

En nuestro país vivió al principio en un modesto hotel de Cerrito y Rivadavia, a metros del Obelisco. "Buenos Aires es una ciudad increíble, por  donde se la mire. Y se imaginan lo que significaba para este peruano, que iba para allá  o para aca y siempre veía al Obelisco. O la Casa de Gobierno o el Congreso. "Quería vender algunos libros para hacerme unos pesos, y me dijeron que fuera al Cabildo. Yo decía: ¿ese Cabildo al que conocía por las imágenes del Billiken? Y sí, atrás había un espacio con stands...

El peruano fue creciendo profesionalmente en la Argentina, mas alla de los dolores que le produjo el país de tanto en tanto. Así aparecieron programas de radio como "El show del minuto", que tantos recuerdos me produce, como "Reencuentro" o "A Solas" por televisión.

Alguna vez se topó con el brujo Lopez Rega, por animarse a criticarlo desde la radio, al entender que no podía lastimar al investidura presidencial, refiriéndose a Isabelita.

Así recordó que le levantaron el programa. Cuando todos volvieron a trabajar, a él quisieron obligarlo a dar examen en el ISER. Finalmente, aceptó la cuestión pero dijo que lo haría, siempre y cuando el examen fuera público con la presencia de todos los corresponsales extranjeros. Ahí terminaron los problemas y pudo seguir trabajando sin interferencias.

Hugo Guerrero Marthineiz había dejado su impronta en mi vida periodística y el destino nos cruzó en la Biblioteca de Bernal en los primeros meses del año 2007.  

# El texto corresponde al capítulo Un "Guerrero" en la Biblioteca, de mi primer libro "Páginas sueltas. Quilmes, el Congreso y algo mas...".

El próximo 11 de agosto se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Hugo Guerrero Marthineitz, en Lima, Perú en 1924. Falleció en Buenos Aires el 21 de agosto de  2010.        

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