La nota llegó de la corresponsal de Clarín en Mendoza, Roxana Badaloni. Habla de la joven
Cristina Weber, nacida en Misiones y que vivió en un paraje alejado de la selva provincial. De
no tener champú en casa pasó a llevar muchas horas en un laboratorio con microscopios
avanzados para colaborar con la ciencia internacional en la detección temprana de la enfermedad de Parkinson.
Se crió en una familia de ocho hermanos, todos trabajaron desde chicos en la finca. Su papá y el
mayor de sus hermanos son analfabetos y sus hermanas mayores solo cursaron la primaria, se
casaron y fueron madres antes de los 18.
Cristina fue la primera que terminó el secundario y la única que obtuvo un título universitario.
Nació en Colonia Aurora, a 185 km. de la capital misionera, Posadas. Caminaba 8 km para ir a la escuela en el Paraje 7 Vueltas. Nunca faltó y se esmeró en aprender.
Como en su casa se habla portugués por la cercanía con Brasil, recién en la secundaria aprendió español.
Cuenta la vida en el campo: se levantaban a las 5 de la mañana para limpiar los corrales y obtener la leche para desayunar. Se bañaban con un balde y para lavarse el pelo se usaba grasa de cerdo porque no había plata para comprar champú. Ella se encargaba de cuidar a los hermanos pequeños, las hermanas mayores iban a trabajar.
Cuando cursaba tercer año, uno de sus hermanos se quebró el brazo y el papá le dijo que no podía seguir estudiando. Lo tuvo que reemplazar porque la necesitaba para la plantación de tabaco.
De todas maneras lograron que alguien del colegio interviniera para que pudiera seguir estudiando.
Su vida cambió cuando llegó a la escuela técnica agropecuaria una integrante de la Asociación Conciencia que propuso apadrinar estudiantes para que terminaran el secundario y comenzaran una carrera universiaria. Cristina recibió una beca para estudiar en la Universidad Nacional de Misiiones.
Sus mentoras, Marcela Olmedo en la Secundaria, Stefy Martínez y Kriss Orozco en la universidad le enseñaron técnicas de estudio, cómo organizarse en las materias y a postualrse para una beca, además de la contención emocional.
En cinco años y medio terminó su carerra de bioquímica. A los 24 años se graduó como mejor promedio y medalla de la Universidad.
Dice que estudio bioquímica porque era una de las materias que mas le gustaba.
Hoy es docente de la Universidad Maza y becaria doctoral del Conicet. Trabaja en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza, que depende del Conicet y de la Universiad de Cuyo, investigan nuevos biomarcadores para el diagnóstico y pronóstico de enfermedades neurodegenerativas, sobre todo el Parkinson.
A poco de recibirse ganó una beca de verano en el Instituto Balseiro de Bariloche. Fue la primera vez que salió de Misiones y viajó en avión. En el Balseiro le hablaron del Instituto en Mendoza y de la investigación para detectar con un solo análisis de sangre el Parkinson. En el Balseiro contactó a Oscar Bello, su director de tesis doctoral. En 2024 obtuvo la beca del Conicet, con uno de los puntajes mas altos y se fue a trabajar a Mendoza.
Pasa ocho horas por día fente al microscopio en búsqueda e investigación de nuevos biomarcadores para detectar el Parkinson de manera temprana y entender su progresión.
Esta feliz con el trabajo y con tener un sueldo por primera vez, mas alá de que el salario de un becario del Conicet orilla el 1,3 millón depsos.
El hecho de conocer el portugés le permitió paricipar de una formación en el Instituto de Investigación del Cáncer de San Pablo. Le ofrecieron hacer esudios en Brasil como becaria pero elegió seguir en la Argntina.
Dice ser fanática de la montaña y del trekking. "Cada vez que alcanzo la cima de un cerro y veo la belleza del paisaje siento plena felicidad. Vuelvo a sentir que todo el esfuerzo vale la penal y que al final hay recompensa", confesó.
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