El 11 de marzo de 1973, hace hoy 53 años, el pueblo argentino votaba la fórmula presidencial integrada por el peronista Héctor Cámpora y el conservador socialista, Vicente Solano Lima.
Obtendrían casi el 50 por ciento de los votos contra un magro 21 por ciento del radicalismo, que encabezaba Ricardo Balbín; terceró quedó Francisco Manrique.
Casi en simultáneo se abrían las cárceles, con la salida de militantes políticos y otros personajes oscuros, incluso el capo mafia francés Francois Chiappe.
Recordemos que los militares, con el general Lanusse, pretendían imponer una nueva estrategia electoral pero les salió mal, porque si bien fue proscripto el general Juan Perón -debió haber estado antes en el país para participar del comicio-, finalmente la llegada del delegado de Perón, precisamente Héctor Cámpora fue precisamente el trampolín para la tercera presidencia del líder del justicialismo. Las elecciones fueron el 23 de septiembre y Perón asumió el 12 de octubre.
Perón había regresado al país el 17 de noviembre de 1972 en un vuelo charter, acompañado por políticos, deportistas, gente de la cultura y demás. Sin embargo, no se quedó y el general Lanusse lo desafío con aquel famoso "no le da el cuero" para que Perón volviera de su exilio en España.
Perón, con mucha cintura, armó una estrategia que finalmente le fue favorable. Puso a Cámpora como primer paso con aquel lema de "El tío (por Cámpora) al gobierno y Perón al poder", como finalmente ocurrió en las elecciones de 1973.
Perón volvió el 24 de junio de ese año pero no pudo aterrizar en Ezeiza, donde hubo graves enfrentamienteos entre sindicalistas y jóvenes peronistas con un alto saldo de muertos.
El general murió el 1 de julio de 1974, y asumió el poder su esposa, Isabel Martínez, con mucha debilidad y terminó agitando las aguas de la violencia, el enfrentamiento de organizaciones guerrilleras, jóvenes peronistas y otros grupos, como el de derecha, llamado triple A, comandado por el ministro de Bienestar Social, José López Rega.
Pero la violencia ya había comenzado a mostrarse a poco de asumir Perón su tercer mandato, porque a los dos días de aquel 23 de septiembre fue asesinado el secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, lo que significó un duro golpe para el presidente por la relación que habia con el sindicalista.
Todo se fue pudriendo hasta estallar en el golpe del 24 de marzo de 1976, con una terrible dictadura militar que recién terminó en 1983 con la vuelta de la democracia -se aceleró el desenlace con la derrota en la guerra de Malvias-, que con sus virtudes y defecteos felizmente sigue rigiendo en el país.

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