UN CAMBIO DE EPOCA Y DE PARADIGMA: EL CONGRESO, EL GRAN ESPEJO

Por Eduardo Menescaldi

Sin duda se viven otros tiempos políticos en el país. La irrupción inesperada de Javier Milei en la presidencia, al cumplirse algo mas de dos años, ha generado un nuevo paradigma, sin duda un cambio de época.

Hay que decirlo hasta el cansancio: Milei, un disruptivo y outsider, llega al poder como resultante directa del fracaso del kirchnerismo -dieciséis años en el poder- y de la frustración que produjo el gobierno de Mauricio Macri, aunque dejó la semilla para esta actualidad.

Milei supo "leer" la realidad y si bien al principio generó rispideces, por sus desplantes, sus insultos y sus actitudes, con el tiempo pudo captar los nuevos vientos. En ese sentido los jóvenes fueron los que mejor entendieron la nueva realidad.

Hoy se vive esta situación con las últimas sanciones del Parlamento, la reforma laboral en el Senado y la baja de la edad de imputabilidad de los menores en Diputados. Todavía falta un paso -el Senado con la baja de la edad de imputabilidad y Diputados con la reforma laboral-, sin embargo todos los vientos hacen pensar que van a soplar favorablemente a las pretensiones del Poder Ejecutivo.

Cabe destacar que Javier Milei, que llegó al poder con escaso poder -apenas un pequeño lote de legisladores, sin intendentes o gobernadores- fue amasando paso a paso lo que implicaba ir sumando fuerzas. En síntesis, aprendió a hacer política. El, que empezó por atacar a la "casta", tuvo que recurrir a instrumentos de esa casta -negociación política- para ir amalgamando fuerzas y llegar hoy a esta realidad, con una importante cantidad de votos en las dos iniciativas sancionadas.

De aquí en mas, cuando restan algo menos de dos años de gobierno, Milei tendrá que responder a las necesidades del pueblo, que le va a exigir mas, sobre todo aquello de que no se llega a fin de mes, a lo que hasta ahora respondió con el latiguillo "no hay plata", con la defensa del déficit fiscal cero y el rechazo a la emisión monetaria.

Ahora tendrá que llegar el tiempo de la creación de trabajo genuino. Eso significa apostar al crecimiento y a la productividad. Para ello habrá que dar los pasos adecuados, fundamentalmente aprovechando el desconcierto de la oposición. 
La izquierda y el kirchnerismo duro siguen pedaleando en el aire, y cada vez mas sus mensajes encuentran menos adhesión.
Hasta la CGT, que adelantó una marcha y movilización al Congreso, terminó retrocediendo en chancletas, aunque es cierto que el sindicalismo pactó con el gobierno, defendiendo la cuota sindical, cuya eliminación fue sacada de la reforma laboral.

Solo quedó ese sindicalismo retrógrado, que apela a la amenaza, el lenguaje dura y que algunas veces roza con el delito. En ese sentido el secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, hace flamear la bandera mayor con un discurso retrógrado y repulsivo.

En el mismo sentido, el diputado nacional Juan Grabois, el preferido de Cristina Kirchner, que queda descolocado cada vez que intenta desafiar al gobierno y que termina peleándose con Javier Milei, con términos anacrónicos y arcaicos.

En síntesis, esta Argentina, que debe arreglar muchísimas cosas para salir adelante y encaminarse a un futuro de grandeza, vive un momento muy especial, un cambio de época y de paradigma. El tiempo y el pueblo dirán en su momento si al final el presidente podrá emprender la aventura de la reelección o no. 

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