Mas feliz que nunca. La ciudad atlántica y balnearia por excelencia, Mar del Plata, celebró ayer los 152 años de su fundación por Patricio Peralta Ramos.
Con un clima apacible y una temperatura que hoy miércoles no va a superar los 25 grados, con mucho viento, la ciudad turística ofrece una paleta de propuestas a los que se acercan a ella, en cualquier fecha del año.
Lógicamente, el verano es la principal estación de visitas, sobre todo el mes de enero, aunque se espera que con la nueva modalidad de turismo -solo algunos días por razones económicas y estructurales- se incrementen las llegadas este próximo fin de semana, que empalma con las fechas del carnaval, lunes 16 y martes 17 de febrero.
La oferta marplatense es múltiple. Una amplia paleta de playas y balnearios, la renovación de la propuesta de Chapadmalal, convertida en universo de visitantes, fundamentalmente jóvenes -está a 20 kilómetros de Mardel-, la plaza teatral y gastronómica con propuestas para todos los gustos y bolsillos, la atracción del puerto con sus locales pesqueros para degustar todo tipo de pescados, la visita a los museos -entre ellos el Castagnino en Colón y Viamonte-, la ex terminal de ómnibus hoy espacio Aldrey Iglesias, con todo tipo de locales, comerciales y culturales, sintetizan mucho de lo que "la feliz" propone al que se acerca a ella.
En Quilmes no podemos olvidar que fue un marplatense el que le dio la máxima alegría al decano del fútbol argentino, aquel 29 de octubre de 1978 con el golazo de Jorge Gáspari para la victoria 3 a 2 sobre Rosario Central en Arroyito. Eso se tradujo en el título de campeón metropolitano, el máximo logro del Cervecero.
Otros atractivos de Mar del Plata podrían sintetizarse en la visita al mítico Torreón del Monje o a hoteles clásicos como el Hermitage, cuyas veredas registran las manos de múltiples y destacados artistas del espectáculo. Ultimamente, Matías Alé.
En fin, un siglo y medio mas dos años y un día conforman una Mar del Plata que siempre está de temporada y que ofrece todo lo que se puede imaginar a quien se atreve a visitarla.
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