LA DIASPORA EN EL PAIS: MADE IN ARGENTINA, UNA PELICULA PRESENTE...

Por Eduardo Menescaldi

La palabra "diáspora" es de origen griego y significa la dispersión de los grupos étnicos fuera de su lugar de origen.
La expresión la puso en movimiento el periodista Luciano Ramón, en un artículo publicado en el diario La Nación, bajo esta inquietante pregunta: ¿Irse del país o quedarse?
En la ocasión relata afirmaciones de algunos argentinos que han dicho que una vez que concluya la pandemia, se van del país. El periodista se pregunta si es un buen momento hacerlo tras la pandemia.
Dice que quienes piensan de esta manera están decepcionados con el país de las últimas dos décadas y tienen miedo a lo que vendrá, porque sufrieron la inseguridad, el achicamiento de sus negocios y su horizonte laboral y profesional, la recesión, la estanflación y la erosión de los ahorros.
Como siempre es la clase media la que en primer lugar aparece en esta definición. Así Ramón sostiene que hay pequeños y medianos empresarios, profesionales, comerciantes, artistas, científicos y emprendedores. Agrega un hecho novedoso que también preocupa: hay padres que consideran que para ellos es tarde irse, pero impulsan a que emigren sus hijos.
"No son casos aislados. Representan además un espíritu de época, dominado por el escepticismo y la desazón. Sus hijos de un país fallido, de un país que ha caído en una suerte de default moral y que provoca fatiga, angustia y desmotivación".
Así las cosas esto hace recordar otros tiempos del país en que se vivían circunstancias parecidas. Por ejemplo, cuando la autora Nelly Fernández Tiscornia escribió Made in Lanús, obra teatral llevada al cine con un panorama más amplio, ya que se llamó Made in Argentina (dirección de Juan José Jusid).
Contaba la historia de dos parejas: el Negro y La Yoli, de Lanús, y sus cuñados, residentes en Miami que volvían al país en un viaje, en el caso del hombre, para respirar los aires y olores de sus orígenes.
Mientras la Yoli, apegada al país, no quería saber nada por pensar en irse, distinto era el pensamiento de su marido, el Negro, que soñaba con las maravillas que suponía iba a vivir si se iba a Miami y lo que significaba como crecimiento, poniendo el acento en lo que les pasó a los cuñados.
En los cuñados, él añoraba su país y sufría el desarraigo, mientras que ella estaba enamorada del modelo norteamericano -primer mundo- con las oportunidades que ofrecía y la seducción del progreso económico y un estandar de vida marcado por el confort.
Esas dos visiones son las que planteó Fernández Tiscornia y que ahora reflota el periodista en La Nación, dejando flotar una pregunta inquietante: ¿irse o quedarse...?

¿´PAIS EXPULSIVO?

La historia del país tiene múltiples ejemplos de compatriotas que decidieron o tuvieron que irse por equis motivos, y que terminaron muriendo fuera de la Argentina, a veces por razones de exilio.
Grandes próceres o ilustres terminaron su vida fuera del país, y podemos hablar de Domingo Sarmiento (Paraguay), Juan Bautista Alberdi (Francia), José de San Martín (Francia), Jorge Luis Borges (Suiza), Julio Cortázar (Francia), Atahualpa Yupanqui (Francia), Juan Manuel de Rosas (Inglaterra), Bernardino Rivadavia (España), Mariano Moreno (alta mar), Alberto Cortez (España),... y siguen los nombres.
Otras veces las muertes son en el país, con el involucrado en la extrema pobreza y totalmente ignorado (Manuel Belgrano) o el propio médico René Favaloro (suicidándose porque el Estado no le respondía para ayudarlo con su Fundación, que tenía una enorme deuda con el PAMI). O años antes, Lisandro de la Torre que evitó su atentado en el Senado nacional -murió su compañero el senador Bordabehere- y más tarde se suicidó, denunciando la corrupción por el histórico tratado Roca-Runciman y el negociado de las carnes.
Vale subrayar, como decía Borges, el argentino hace de tal en cualquier lugar donde se encuentre.
Ese condimento de arraigo se sufre profundamente fuera de la Argentina y la añoranza avanza y retrocede siempre.
No olvidar que tuvimos tiempos de dictaduras que alimentaron como nunca la voluntad de exilio, y muchos tuvieron que irse, sin quererlo, para salvar sus vidas, sobre todo durante la última dictadura militar.
Eran razones políticas las que movían el exilio, ahora pueden sumarse otros motivos, como la grieta, la falta de objetivos, la preocupación por un futuro que no tiene horizontes, etcétera.
El autor de la nota de La Nación habla que se vive hoy en un mundo "donde en líneas generales el pacto entre ciudadanos y gobiernos todavía funciona, en el que cada uno hace su parte, se respetan las reglas de juego, hay seguridad jurídica y se mantienen altos estándares de calidad de vida. Es un mundo donde "el sistema" aun ofrece garantías. Pero es, a la vez, un conglomerado de sociedades menos homogéneas y más fragmentadas.
Y afirma que encontrar un lugar en ese mundo no es sencillo. "Empezar de cero en países como España, Francia o Italia, en Estados Unidos o en Canadá, en Gran Bretaña o Alemania implica recorrer un camino empinado, lleno de obstáculos y dificultades. El de la Unión Europea hoy es un pasaporte a un mundo en crisis, un mundo que ha levantado muros, en muchos casos burocráticos: es cada vez más arduo conseguir permisos de residencia, visas de trabajo, homologación de títulos. E inmigrar sin papeles puede implicar un salto a la marginalidad".
Juan José Jusid, director del filme Made in Argentina, habló por Radio Mitre, precisamente ante el hecho de que se haya reflotado el tema tantos años más tarde, lamentó que no podamos, los argentinos, encaminarnos detrás de un proyecto común que nos lleve a caminar juntos.
El periodista Luciano Ramón también sostiene en su nota que "la diáspora de la clase media, que incluye la fuga de cerebros y de energía creadora, suele negarse desde las cúpulas gubernamentales con cierta indiferencia. Se tiende a verla como casos aislados, no como un fenómeno social. Se los ve como proyectos de salvación individual, no como síntoma doloroso de un país que no ofrece confianza ni futuro".
Agrega que "no faltará quien diga que es un lujo de familias chetas que aspiran al primer mundo. Es sin embargo una cabal expresión de la tragedia argentina.
Así pone en el tapete la necesidad de encarar un debate ciudadano sobre el fenómeno, como para poder reconocer que hay razones para irse pero también para quedarse.
Dice que como familia que opta por el desarraigo podrá encontrar o no las oportunidades que busca en otras latitudes.
Sentencia que el mundo siempre puede ser una aventura estimulante y seductora, una geografía de oportunidades infinitas que vale la pena explorar y conquistar.
"Pero cuando es el propio país el que empuja para irse, cuando la decisión surge más del desencanto que del deseo son inevitables la amargura y el dolor.
Termina preguntándose si podremos encontrar la esperanza y el optimismo que ha extraviado nuestra clase media. "Esa debería ser nuestra gran apuesta ciudadana. Hablar de lo que nos pasa, con franqueza y honestidad intelectual, puede ser un primer paso".
En síntesis, es el país adolescente que nos mueve y conmueve, aquel que lastima si el argentino se encuentra aquí -el tema reforma judicial en medio de una terrible pandemia es una de las tantas paradojas que vale para justificar este adolecer- y que alimenta una enorme añoranza cuando la decisión es irse. Un debate que nos merecemos y que la pandemia permite poner en consideración para saber si estamos capacitados para madurar un poco esa eterna adolescencia.

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