JORGE OSSONA Y UNA DRAMATICA DESCRIPCION DEL CONURBANO BONAERENSE

 Quizás no haya un periodista, escritor e historiador que conozca y defina al Conurbano como Jorge Ossona.

En una nota publicada por el diario Infobae  hace una descripción del Gran Buenos Aires dramática y explica las razones de la actualidad.

Cómo puede ser que un jefe comunal recorra una villa y diga que vamos a actuar en el territorio mientras en el fondo de la foto -que vale más que mil palabras- se observa a pobladores en viviendas que parecen inhumanas y que echan por tierra el derecho a la vivienda digna.

Se le pregunta a Ossona que significa el Gran Buenos Aires. Dice que "el Gran Buenos Aires simboliza un gran fracaso nacional durante los últimos 50 años. Desde mediados de los 70 la Argentina perdió su brújula colectiva. Primero, porque la economía se estancó, el estancamiento económico produjo pobreza y la pobreza se concentra justamente donde la desindustrialización caló más hondo.

El Conurbano es lo más parecido a un cementerio de países, que ya no existen. Lo que sí existe es este gran conglomerado caótico y a la deriva, donde se concentra el 40 por ciento de la pobreza administrada por un Estado bifronte, con una cara legal convencional, regida por el Estado de derecho y otro venal, nocturno, donde la ilegalidad constituye sus propios códigos.

Por eso no es del todo cierto la pretendida ausencia del Estado, propia de un Estado fallido. Es algo peor: el Estado delictivo encarnado en funcionarios venales.

Se le pregunta por qué  la presencia de lo ilicito se da con mayor contundencia en el GBA. "Porque es una forma de obtener consenso. La administración venal de la pobreza es popular en muchos aspectos. Un país que no sabe qué hacer consigo mismo y no trazar un sendero de desarrollo, naturalmente excluye. El tema es qué hacer con los excluidos porque los tenés que administrar. La administración legal de ese sector es muy difícil pero la ilegal habilita a los excluidos a determinadas prácticas para contribuir a su subsistencia.

"El Estado es cómplice por una doble vía. Primero porque evidentemente le da popularidad y le da votos. Además porque en la ilegalidad se hacen negocios suculentos cuya parte del león se la llevan los burócratas al borde o al margen de la ley y que incluye a policías, jueces, fiscales, intendentes y distintos sectores de las burocracias municipales y provinciales.

Ossona adjudica el origen de esta situación al Rodrigazo. "La primera de las transferencias de ingresos intersectoriales mucho más masivas que las comenzadas desde fines de los 50. La Argentina fue perdiendo así la brújula colectiva y con ello, su sentido de futuro. Se impuso la primacía del cortoplacismo y los sucesivos gobiernos militares y civiles asumieron con pretensiones regeneracionistas y refundacionales con denominaciones que resultaron ser una confusión paradojal de aquello que no podían hacer. Todos terminaron fracasando y el consiguiente achicamiento económico termina teniendo implicancias solo excluyentes. Y como no tenemos idea de un país fuera del corto plazo, la exclusión social no admite otra administración que esta conjunción de lo legal y lo ilegal. Lo legal funciona en forma deficiente pero hay un Estado ilegal que funciona mejor porque no está regido por ningún límite, salvo los sobreentendidos mafiosos entre distintas facciones".

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