LA RADIO, UN MEDIO QUE NOS PERSIGUE DESDE QUE NACEMOS

 La Radio tiene Magia. De eso no se pueden tener dudas. Y hoy con un siglo de vida en el país, sin duda el medio ha tomado un impulso enorme, definiendo lo que significa en la vida de cada uno de nosotros.

La Radio está ligada a distintos momentos de nuestras vidas, desde la infancia con las aventuras de Tarzán por Radio Splendid, imaginando esas peripecias del personaje, sin prestar demasiada atención a la labor del autor de los efectos especiales, que nos hacía viajar por lugares inhóspitos, selváticos, entrañables, intransitables...

A medida que se iba a creciendo iban cambiando los programas preferidos. Por ahí algún artista, músico, periodista, actor, que nos llevaba a imaginar ese rostro. Mientras no hubo televisión en casa la pregunta era dibujar el rostro de ese héroe o de esa heroína, que pasaba todas las peripecias habidas y por haber, o ensayar una imagen referida al relator en los radioteatros que nos situaba en clima y que tenía que mantener el interés cuando se trataba de distintos capítulos que se esperaban con mayor ansiedad cada vez.

El deporte era otra excusa para acercarse al aparato. El fútbol, por supuesto, en primer lugar, siguiendo al relator de turno y suponiendo que le daba mayor interés a la jugada sabiendo que el oyente no veía lo que realmente pasaba. Junto al comentarista que tenía que poner en la referencia lo que creía que pasaba o iba a pasar, con los distintos cambios de sistemas, fórmulas de juego, escuchar el ruido de la tribuna para creer que la local estaba llena y la visitante bastante, aunque hoy parece una utopía pensar en público visitante y local, con la pandemia.

Las carreras de turismo de carretera eran otro motivo de audiencia y concentración. No estaba la televisión y entonces los relatores y comentaristas del automovilismo deportivo tenían que compartir con el oyente el paso de las máquinas (los bólidos según el historietista y dibujante Eduardo Ferro). Y el top... que marcaba el paso del primero por un determinado lugar, para seguir otros top, a veces top top, porque pasaba más de un TC en décimas de segundo de diferencia.

El avión acompañaba la carrera y el periodista invitaba al oyente a compartir esa visión desde las alturas, para saber cómo iba cada uno de los animadores, y lógicamente uno se metía más para saber cómo iba su candidato.

Los programas de humor y familiares tenían especial concentración los domingos, con actores que recién comenzaban a tallar, humoristas que buscaban con el chiste o el chascarrillo sacudir la modorra de quien escuchaba.

En fin, la radio llegó a los cien años. No imaginaban aquel 27 de agosto de 1920 los llamados locos de la azotea que iniciaban un camino interminable, que iría creciendo en intérpretes, técnicos, etcétera, todos para rendirse a la magia del oyente y encontrar la recepción del escuchador (como le gusta decir a Nora Perlé).

 La radio te hacía cómplice de las propuestas de Antonio Carrizo, Héctor Larrea, Cacho Fontana y su revolución -llegó a trasmitir desde el Madison Square Garden una actuación inolvidable de Sandro-, el negro Guerrero Martineitz y esa risa especial para seducir al oyente...

La Radio, hay mucha agua que corrió bajo el puente. Sigue, sigue y cada día nos gusta más. Y cuando se aporta un pequeño granito de arena, como Cultivos de Quilmes los viernes en Radio Quilmes, la emisora de Pedro Navarro, la satisfacción es doble. FELIZ DIA DE LA RADIO. 

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