EL DERROCAMIENTO DE ILLIA, UN PRESIDENTE EJEMPLAR

Fue el 28 de junio de 1966, hoy se cumplen 54 años, cuando un golpe militar -bajo la pomposa denominación de revolución argentina- derrocaba al presidente constitucional Arturo Umberto Illia.
Ese martes el pueblo argentino se despertaba con "la novedad" de un golpe de Estado, que justificaba su accionar -un golpe cívico militar- en la inacción de un presidente radical, que se había destacado por su austeridad, honestidad y don de gentes.
Se lo acusaba de hiperlento -una popular revista política, Primera Plana repetía las caricaturas, consignándolo con el apodo de una tortuga- y se venía hablando del golpe a nivel periodístico como una telenovela, como la crónica de un desenlace anunciado. Precisamente, Primera Plana era el órgano que a través de sus principales plumas "adelantaba" lo que la opinión pública suponía que iba a ocurrir.
Arturo Umberto Illia había ganado las elecciones el 7 de julio de 1963, en un comicio en el que el peronismo estuvo proscripto, y obtuvo un porcentaje que se pareció bastante al que muchos años después llevó a la primera magistratura al doctor Néstor Kirchner.
Illia desde siempre hizo bandera de la austeridad y de la honestidad. Baste citar su declaración de bienes al asumir el cargo de presidente de la Nación: un automóvil Bergantín, modelo 1962, una casa en Cruz del Eje, donde ejerció como médico, y una cuenta bancaria con una cantidad que al cambio se asimilaba aproximadamente a mil dólares.
No tuvo importantes modificaciones al terminar abruptamente su mandato.
Cuando fue echado, ante el escribano general de gobierno, declaró el inventario de sus pertenencias que estaban en la residencia de Olivos: cabían en apenas dos valijas, y contenían ropas, tres trajes grises, un traje negro, dos sacos sport, tres camperas, ocho camisas de vestir, cuatro de manga corta, diez pares de medias, tres pares de zapatos negros, etcétera.

AVISO AL CORONEL

Aquel martes 28 de junio el doctor se plantó ante los golpistas armados en su despacho y fue claro al decirle al general Julio Alsogaray: "Usted no representa a las fuerzas armadas, sólo representa a un cobarde, valido de la fuerza de los cañones y de los soldados de la Constitución, desata la fuerza contra la misma Constitución y la ley. Usted y quienes lo acompañan actúan más como salteadores nocturnos que como bandidos, aparecen de madrugada a tomar la Casa de Gobierno".
El atropello que no pudo concretar el general Alsogaray lo llevó a cabo el coronel César Perlinger, a quien le dejó en claro su error histórico: "Su conciencia le va a reprochar lo que está haciendo. A muchos de ustedes -se dirigía a la tropa policial- les dará verguenza cumplir las órdenes que les imparten estos indignos que ni siquiera son sus jefes. Algún día contarán a sus hijos estos momentos y sentirán verguenza. Ahora, como en la otra tiranía, cuando nos venían a buscar a nuestras casas, también de madrugada, será el mismo argumento de entonces para cometer denigrantes atropellos: Cumplimos órdenes. Sus hijos se lo van a reprochar toda la vida".
Tenía razón Illia. Porque con fecha 19 de julio de 1982, el coronel Perlinger le mandó una carta en la que le pedía disculpas por el atropello golpista.
"Hace años el ejército me ordenó desalojarlo. Usted me repitió que mis hijos me lo iban a reprochar. !Cuánta razón tenía...! Usted me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo. Mi admiración por usted en quien reconozco a uno de los demócratas más auténticos y uno de los hombres de principios más firmes de nuestro país".
Al año siguiente, el 18 de enero de 1983 -año en el que retornó la democracia en forma definitiva- fallecía Arturo Umberto Illia.

LOS LOGROS

Se lo acusaba de ineficaz, de lento, etcétera, pero la historia dejó para el análisis las batallas que dio este presidente, siempre recordado por su austeridad y honestidad, virtudes que deberían ser bandera para muchos de los políticos que hoy nos gobiernan.
Tuvo una batalla feroz contra los laboratorios medicinales, al sancionar la ley de medicamentos, además la balanza comercial tenía saldo favorable, sancionó la ley de salario mínimo, vital y móvil, la educación tenía presupuestos importantes, la política petrolera fue intensamente nacionalista y la palabra corrupción fue ignorada en todo su mandato.
En tiempos de inestabilidad institucional, Illia fue un defensor implacable de la democracia, así levantó la proscripción del peronismo para las elecciones legislativas de 1965, y muchos entienden que ese fue el principal motivo para que se produjera el golpe de Estado de 1966, que terminó derrocándolo.

DON ARTURO

El autor Eduardo Rovner escribió una obra teatral que contó aspectos de la vida de Illia y puso el acento fundamental en sus últimos días en el poder. Don Arturo Illia tuvo a Luis Brandoni como el protagonista.
Illia nació en Pergamino y fue a Cruz del Eje para estudiar medicina; a comienzos de 1928 -así comienza la trama de la obra de Rovner- desiste de una beca en París y opta por ejercer la profesión de médico en la ciudad donde residía, Cruz del Eje, Córdoba, donde no había médicos.
A partir de ahí aparece don Arturo como hombre enamorado, marido, padre y militante político, su ascenso a la presidencia de la Nación, el vínculo con empresarios, militares y la embajada de los Estados Unidos, su derrocamiento y la muerte en la cama de un hospital público.
El hombre que vivió y murió aferrado a sus convicciones.

TAQUIGRAFOS

Ese martes 28 de junio de 1966 llegaba al poder por el golpe de Estado un régimen, que amparado en el mote de revolución argentina, pretendía dividir las cosas en tiempos, dejando para un futuro muy lejano el político.
El golpe del general Onganía y otros hablaba del "país que quedó atrás", parodiando un libro escrito por un abogado -Roberto Roth- que fue designado subsecretario legal y técnico de la Presidencia de la Nación y que era el que le escribía los discursos a Onganía, con una gran cantidad de asesores, entre los que había abogados (Muniz Barreto, Klapenbach, Rodríguez Larreta, padre del actual jefe de gobierno de la Ciudad y muy hincha de Rácing, club que presidió), sacerdotes (como el médico forense, jesuita, infectólogo Mariano Castex), etcétera.
El Congreso Nacional fue disuelto, llegó un interventor, coronel Felipe Gerardo José Mazzini, con muchos nombres y ningún afecto por la vida legislativa -incluso disolvió por única vez en la historia el Cuerpo de Taquígrafos Parlamentarios- que destruyó los archivos e hizo trizas los diarios de sesiones. Cabe aclarar que durante el otro golpe militar, el del 76 -que se denominó proceso de reorganización nacional-, que fue más violento que el anterior con su cuota de detenidos, torturados y desaparecidos, se pergeñó una parodia de cuerpo de taquígrafos, porque también se intentó producir un Congreso ficticio con la creación de la C.A.L (Comisión de Asesoramiento Legislativo), que sacaba normas-leyes de facto con la velocidad que hoy suelen aparecer los DNU (Decretos de Necesidad y Urgencia), pero que luego debe refrendar el Congreso.
Así las cosas, allá lejos y hace tiempo, un día como hoy, se barría con un presidente ejemplar, que como el doctor Arturo Umberto Illia se fue del gobierno, echado por estos insensatos, con la frente alta y la convicción de que podía caminar por la calle con la conciencia tranquila. De hecho, de la Casa de Gobierno salió a pie rumbo a su domicilio particular...

(Por Eduardo Menescaldi)

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