MONSEÑOR TISSERA: EL AMOR MUEVE A LA SOCIEDAD

El obispo de Quilmes, monseñor Carlos José Tissera, celebró la misa en la capilla del obispado y transmitió por facebook, para toda la diócesis, y resaltó en su homilía de qué manera el amor es la fuerza que mueve a toda la sociedad a quedarse en casa y trabajar por los demás en esta pandemia.
Además recordó que "en nuestro Gran Buenos Aires nos encontramos en una etapa del aislamiento diferente al resto del país. Tenemos aun que cuidarnos mucho. El virus pulula más fácilmente entre nuestras ciudades y barrios.
Nuestra diócesis de Quilmes, como otras de la Región Buenos Aires, continúa con los templos cerrados y por tanto, sin las celebraciones litúrgicas. Todo lo hacemos de modo virtual".
Monseñor Tissera también explicó que se va a necesitar un protocolo que se debe preparar para afrontar la próxima etapa del aislamiento. "Hemos de ser realistas y humildes. Responsables y no perder el sentido común. La salud espiritual y la salud física no están enfrentadas. El ser humano es una unidad. La fe debe potenciar el amor y el amor testimonia la fe. Pidamos luz al Espíritu Santo. Nadie se salva solo".

LA HOMILIA

"Durante este tiempo pascual, acompañados por este Cirio, signo del Señor Resucitado, la Palabra de Dios nos ha ayudado a contemplar este misterio de vida plena, que él nos regala.
El Evangelio nos lleva la intimidad de la última cena. San Juan dice en el capítulo 13: Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y luego de lavar los pies a los discípulos, inicia un largo discurso. Parte del mismo escuchamos recién. Nos revela lo íntimo de su corazón. Siente que los discípulos serán invadidos por la tristeza de su ausencia, y les dice: No los dejaré huérfanos. Promete al Paráclito. El Espíritu de la verdad. Vale decir, el amor mismo. Es el que lo une al Padre, y que luego será derramado en ellos. El Espíritu del amor, que les hará comprender todo y los defenderé del espíritu del mundo, que es espíritu de odio, de egoísmo, de rencor. Ese espíritu del mundo que desde el principio es mentiroso y homicida. Jesús les promete el Espíritu Santo, espíritu de amor y gracia.
"La madrugada de la resurrección fue testigo del apuro de las mujeres para ir al sepulcro y ungir el cuerpo muerto de Jesús. Pensaban en la piedra. ¿Quién les ayudaría? No está aquí, ha resucitado.
La muerte ha sido vencida. El amor que las llevó al sepulcro se transformó en una fuerza inexplicable que las llevó a comunicar una certeza, una verdad. !Cristo vive! Nada ni nadie les quitará ese convencimiento, aunque las hicieran pasar por ilusas o sin razón. El Espíritu había inundado sus corazones quitándoles el sentimiento de orfandad.
"Este tiempo de propagación del Covid 19 y la consecuente cuarentena, produjo tantas cosas en medio nuestro. Quedarnos en casa. No acudir a nuestras obligaciones diarias, a nuestros trabajos y servicios, la vida de estudio, de esparcimiento y diversiósn. ¿Qué fuerza nos ha movido parea que toda una sociedad se quede en casa?¿Qué nos ha llevado a tener tantos cuidados y recaudos pedidos por las autoridades políticas y sanitarias?¿El miedo al virus?¿El temor a las sanciones penales o económicas?
Creo que más que todo eso ha sido el amor. Sí, el AMOR, EL AMOR A LA VIDA. Lo hemos visto en los hechos; los corazones animados por una fuerza admirable de los y las enfermeras, los y las profesionales de la salud, científicos, todos los agentes sanitarios y de seguridad social.
Lo hemos palpado en las mujeres y hombres que se ofrecieron a servir a los pobres en los comedores o en las ollas populares; amor de los padres a los hijos en la intimidad de los hogares protegiéndolos, con paciencia y esmero. Amor de las autoridades que con escasez de recursos en medio de una crítica emergencia económica han valorado la vida de los ciudadanos por los docentes, conteniendo a los alumnos de modo creativo con los medios al alcance de ellos y de los propios estudiantes.
El amor de las comunidades y de los movimiento sociales que han mantenido unido el tejido social para contener a todos, particularmente a los más débiles y desprotegidos de la estructura social del país.
Si el Espíritu de Dios no está ahí, ¿dónde está? Es el Espíritu de verdad que Jesús prometió, a los que cumplen sus mandamientos. Y El nos dice: el mandamiento que yo les doy es que se amen unos a otros.
"A estas horas, a causa del Covid 19 hemos comprendido que todos estamos involucrados e implicados: la desigualdad, el cambio climático y la mala gestión nos amenazan a todos. Hemos de entender también que se deberían cambiar los paradigmas y sistemas que ponen en riesgo el mundo entero. Nuestra vida tras la pandemia no debe ser una réplica de lo que fue antes, sin importar quién solía beneficiarse desproporcionalmente. "Seamos misericordiosos con el que es más débil. Solo así reconstruiremos un mundo nuevo".
Sabemos que en nuestro Gran Buenos Aires nos encontramos en una etapa de aislamiento diferente al resto del país. Tenemos aun que cuidarnos mucho. El virus pulula más fácilmente entre nuestras ciudades y barrios.

LA DIOCESIS

"Nuestra diócesis de Quilmes, como otras de la Región Buenos Aires, continúa con los templos cerrados y por tanto, sin las celebraciones litúrgicas. Todo lo hacemos de modo virtual. Las comunidades con sus sacerdotes van generando maneras de comunión y participación según el medio donde se encuentran y según sus posibilidades. Si somos responsables, y mantenemos esa relación fraterna, nos acercaremos a la nueva etapa. Para eso, es preciso, que ya vayamos pensando la forma concreta con que la afrontaremos.
Será preciso un protocolo, como lo tienen todas las sociedades y organizaciones de la sociedad. Deberemos hacerlo entre todos, en cada partido de la diócesis, en cada parroquia. Es tiempo para ver los recursos humanos y materiales con que contamos para enfrentar una realidad nueva. El espíritu de unidad y de fraternidad nos debe animar en todo. La diversidad de opiniones debe enriquecer, pero no dividir y destruir, descalificar o despreciar.
Hemos de ser realistas y humildes. Responsables y no perder el sentido común. La salud espiritual y la salud física no están enfrentadas. El ser humano es una unidad. La fe debe potenciar al amor y el amor testimonia la fe. Pidamos luz al Espíritu Santo. Nadie se salva solo. Hay un único Salvador. El está en nuestra barca y todos estamos en la misma barca.
Que el espíritu de la discordia, del mal humor, del derrotismo, de la autosuficiencia, del miedo no encuentre lugar en nuestros corazones.
Sabiendo que la posibilidad del contagio del Covid 19 es una posibilidad para cualquiera, trabajemos para producir "otro contagio". Estemos ocupados en contagiarnos del amor verdadero. Es otro "contagio", que se transmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia. Es el contagio de la esperanza. "!Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!". "No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la resurrección de Cristo sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no "pasa por encima" del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios" (Francisco. Homilía de la Misa de Pascua 2020).

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