En el marco del terrible asesinato de la jovencita Agostina Vega en Córdoba, hoy adquirió otra trascendencia la marcha del movimiento "Ni una menos", que reclama por las mujeres asesinadas dentro del horror de los femicidios. Marcha que se dio en la zona del Congreso y en otros lugares del país.
Lo que está destapando este nuevo hecho de asesinato de una mujer, en este caso una niña de apenas 14 años, es una nueva página del fracaso de la politica y de la justicia.
Porque la muerte de la niña pudo haberse evitado si esos agentes institucionales hubieran actuado con la rapidez y el profesionalismo que corresponde en una situación como la que está conmoviendo al país.
El periodismo cumple su noble función de investigación y muchas veces, mal que les pese a muchos, llega antes que la justicia y que la política. O en todo caso el entramado siniestro de estos dos elementos se conjuga en una sola línea, generando bronca y repudio por todo lo que se hizo (o mejor dicho no se hizo) para evitar el desenlace fatal.
Ahora hemos sabido que hace un año el principal implicado en el asesinato, Claudio Barrelier, había tenido un episodio parecid o similar que no terminó en forma tan trágica porque la afectada pudo liberarse del precinto que le había colocado este mismo personaje y salir semidesnuda para gritar su situación.
Claudio Barrelier fue detenido y estuvo solo veinte días en esa situación porque un juez (Iván Rodríguez) decidió liberarlo con una fianza de 5 millones de pesos, que terminaron pagando sus compinches, entre ellos su pareja (la misma que le prestó el auto para poder sacar los restos de Agostina en bolsas y enterrarlos en un campo cercano).
Lamentablemente, una causa noble, que exige responsabilidad de las partes, se politiza y hasta hay quienes se suben al caballo del momento para acusar al presidente Javier Milei del horror.
Ni una menos gritan las mujeres, con total justicia en el reclamo, sin embargo hay políticos que aprovechan la volteada para dar rienda suelta a su mezquindad.
Hasta se conoció, por interención del periodismo, la existencia de un bar llamado Wachitas, que reclutaba niñas presuntamente para la prostitución, y allí también se habla de la responsabilidad de Bratellier y su compañera en el funcionamiento de ese bar nefasto. Para que se pueda entender, mas que nunca, cómo la política y la justicia han hecho la vista gorda ante un un hecho que embarra el funcionamiento de estas instituciones en la capital cordobesa.
Ojalá este episodio, que tronchó la vida de Agostina, sirva para que de una vez por todas cada cual se haga cargo de su responsabilidad, a fin de que en el futuro no se repitan mas hechos tan lamentables como los que hoy vivenciando la sociedad argentina.
PD: Hay que repudiar con todas las letras a los que politizan la causa, olvidándose de la niña masacrada no por un ser humano sino por una bestia.

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